domingo, 10 de agosto de 2014
Sexo y la Universidad
No espere el atrevido lector encontrar una transcripción de lo que se que sucede en la universidad, donde por lo general se descubre, a veces de buena y a veces no tanto, el mundo del sexo. No. Por el contrario, trato de escribir sobre las implicaciones que tiene la educación, el hogar, los padres y los amigos en ese tema tan íntimamente unido a los días de la universidad.
Mi mamá era particularmente estricta con el tema del sexo. A partir del momento en que me fui a estudiar en la universidad, se generó una sinceridad de lenguaje que llenaba los momentos y espacios mas inesperados, con lo cual lograba que no bajara la guardia nunca.
Eran otros tiempos muy distintos a los de ahora. Un embarazo significaba, en el caso de las mujeres, la vergüenza familiar y la muerte social para ellas; y en el caso de los hombres, el abandono del sueño de estudio, debiendo dedicarse a asumir su responsabilidad, realizando cualquier tarea que requiriese un coeficiente intelectual igual al que usó al dejarse llevar por su miembro masculino. En pocas palabras, era preferible una gonorrea que un embarazo. Nada más característico de aquellos días que la canción de Franco deVita "somos tres", que significaba la frontera en que la mujer embarazada decidía enfrentar la tragedia sola ante la seguridad de rechazo del padre de la criatura por el sacrificio que debería hacer, a pesar de lo cual, inspirado por el amor, decidía asumir su responsabilidad a pesar de las oscuras circunstancias que envolvieran ese futuro incierto para los tres. Uno escuchaba en silencio aquella canción, y en mi caso recordaba simultáneamente la lista de acciones que ejecutaría mi mama al saber que su hijo había cometido tamaña contrariedad.
Gracias a la juventud y al ímpetu de sentirse libre, a pesar de las conocidas consecuencias (todos teníamos casos cercanos de embarazos no deseados), no había manera de escapar al destino. Insisto, eran otros tiempos, y en Mérida habían pocas y por lo general muy conocidas y concurridas farmacias. Esto significaba que comprar unos preservativos era, de por si, una aventura, que pensándolo en perspectiva, como que era a propósito para bajarle a uno las ganas...
Primero, solo habían 2 marcas. Luego, uno entraba en la farmacia, por lo general llena de personas muy mayores (a los 17 años cualquier persona de 20 en adelante es vieja), por lo que uno esperaba que se desocupara un poco el local. Los preservativos seguramente los guardaban en una caja fuerte donde nadie los viera. Y de paso, en ese preciso instante siempre tocaba que lo atendiera a uno la persona mas anciana que había en la farmacia. Así, entre la sordera de la señora, uno hablando bajito para que el grupo de jugadoras de canasta que justo entraba en ese momento no escuchara lo que se requería, y de paso el casi infarto que le daba a la señora al entender lo que se le estaba pidiendo, por lo cual tumbaba la ristra de bolsitas de manies que siempre estaba detrás del mostrador mientras buscaba ayuda, pues uno quedaba descubierto, siendo objeto de miradas que sólo merece un depravado sexual. Finalmente llegaba un joven, que voz en cuello preguntaba "quien es el que busca condones", con lo cual quedaba uno al descubierto al voltear todas las cabezas como si se tratara de la familia de Linda Blair, todas bajo la influencia del maligno. Finalmente salia uno con su bolsita marrón con el tan necesario elemento.
Parte de las fantasías de aquellos días era ser parte de un encuentro sexual no planificado. Para ello, y con miras a no arruinar la oportunidad al tener que negarse para evitar el terrible embarazo fortuito, uno cargaba un preservativo en la cartera. Nada mas inútil que eso. Inútil, por una parte, porque al menos a mi jamas se me presentó la oportunidad. Claro, nunca fui de los mas agraciados, de manera que quizás eso les sucedía a los miembros del grupo elite de los deportistas y/o músicos. Por otra parte inútil porque en caso de darse el fantasioso momento, aquel preservativo sometido a calor y peso por quien sabe cuanto tiempo, con toda seguridad no iba a cumplir su cometido. Los mas organizados reemplazábamos la preciada carga regularmente, con la esperanza de estar preparados para aquel ansiado momento en que se cumpliera la fantasía.
Uno comenzaba a manejar información que resultaba importante saber, y que por cosas de género y el machismo de la época, pues era casi tabú. Se sabia que las mujeres tenían la menstruación cada 28 días. Así, los mejores días para tener sexo sin preocuparse por el uso del condón eran los 5 días antes de la llegada de la "regla", y los 5 posteriores. Y quienes querían estar mas a salvo, esperaban para tragarse el semáforo "en rojo" con lo cual se tenia plena y absoluta seguridad de que nada podía ocurrir. También se aprendía que habían unos días que jamás, nunca, bajo ninguna circunstancia, se debía ni siquiera ver a la pareja. 14 días luego de irse la menstruación, venia el período de ovulación, y nuevamente, 5 días antes y 5 días después de esa fecha, no se podía ni sacar a la novia a un baño público, pues se tenia la información de que en esos momentos, si usaba un baño donde algún ocioso hubiese tenido sexo autoinflingido, podría quedar embarazada y no habría manera de demostrar que no era de uno. No existía el ADN, ni google, ni twitter... Total, que a 28 días había que restarle 5 de la menstruación, un día de ovulación, 10 días alrededor de la fecha, y se tenían 12 días disponibles para sexo "seguro", pero considerando que había que buscar el momento, ya que no se tenia ni carro ni plata para un motel, y restando los días que había que estudiar, etc, pues realmente el condón era una exquisitez que terminaba no siendo necesario. Para aquellos dias no existian las " app" de ahora, y resultaba incomodo comenzar las relaciones intentando obtener los detalles de la fecha de la ultima regla, para meter los datos en el sistema que se había hecho en la calculadora programable y así llenar el almanaque que siempre acompañaba aquel triste condón en la cartera. Pero, aquellos minutos en que finalmente se podía estar con la pareja, por lo general lo agarraban a uno desprevenido, sin condón y en plena ovulación, en lo cual se caía en cuenta, obviamente, cuando toda la teoría había pasado a ser historia.
Venía entonces aquel encuentro en el cafetín, aquella situación donde definitivamente se separaban los hombres de los niños. Aquel "tenemos que hablar", que había hecho que perdiera la explicación de las integrales dobles, pensando en el grave problema en que se estaba y en como iba a explicárselo a mi mama, llegaba al momento cumbre cuando sentados en las sillas plásticas se escuchaba el temible "no me ha llegado". Uno de mas bolsa buscaba asegurarse preguntando "estas segura?", y una cabeza gacha, con una lágrima recorriendo la mejilla, asentía a la pregunta realizada. Todas las alarmas se disparaban. No había ni un toque, ni una caricia, y solo un "vamos a salir de esto", mientras la mente realmente gritaba "la cagasteeeee, debiste ir a comprar los condones". Cada minuto era una eternidad. Me imaginaba a mi mamá preparándome la maleta, mientras me gritaba "te dije que ningún hijo mio iba a joderse la vida por una barriga. Recoge tus cosas que te vas a Alemania". Porque mi mamá siempre me dijo eso, y vaya usted a saber la razón, el plan siempre fue que me iba huyendo a Alemania. Aquellas visitas, originalmente para estudiar, y luego motivos de ansias, ya que quería llegar para el encuentro, dependiendo de lo que dijera el almanaquito, que podía terminar siendo EL día, ahora eran una carga gigante. En el camino, compraba dos latas de malta, y llevaba en una bolsita toda arrugada unas ramitas de romero que alguien había comprado a una señora en el mercado periférico. "Para hacer bajar la regla, una malta caliente con romero". No había mucho intercambio de palabras. Se preparaba el brebaje, y se esperaba a que se lo tomara. Luego, algo de televisión, y mas nada. En mi caso, afortunadamente siempre fue efectivo el remedio, pero para quienes no les funcionaba, el siguiente paso eran las pastillas abortivas que vendían en las heroínas. Era una operación difícil. Debía ser a media noche. "Dale una hoy y si no bota nada otra mañana" decía el proveedor. A algunos les funcionaba, a otros no. Y el siguiente paso, entrar en la red de clínicas piratas que hacían abortos. No me tocó, afortunadamente, ese paso, pero hubo conocidos que se vieron en situaciones muy dificiles, ya que la suerte era la que realmente decidía al respecto, y hubo incluso las que murieron buscando solucionar el tan complicado trance.
Luego de la llegada de la regla, todo era felicidad. Escuchaba la canción de Franco deVita y suspiraba pensando "estuve cerca!". Ocultaba, hasta hoy que lo escribo, aquellos difíciles momentos, pasando los interrogatorios de mi mama que, al final de un almuerzo familiar, siempre buscaba lanzar su anzuelo con un " Fernando, y tu que te la pasas tirando!?". Pasado el susto, era fácil responder en forma convincente "mamá por favor!".
Hoy en día pienso en qué estuviese haciendo, si viviera desde los 90s en Alemania. Suerte o no, en el camino descubrí que era muy poco probable que embarazara a alguien. Las cosas de la vida, tanto sufrimiento para comprar condones, tanta malta y romero que hice que bebieran, y al final no era necesario tanto alboroto. Veo a mis amigos criar sus nietos, producto del error de calculo de sus hijos adolescentes, y felices todos. Cuando voy a farmatodo o locatel y veo un estante completo de preservativos, de distintos colores, texturas, tamaños, sabores, caigo en cuenta en cómo han cambiado las cosas. En algunos casos, me río cuando visito a algún amigo, y entra su hijo o hija con su pareja, saludan, y suben al cuarto. Me es inevitable preguntar " y los dejas estar solos encerrados?", y me responden "si vale, si ellos se encierran y se quedan ahí hasta el otro día". Cómo recuerdo a mi mamá y sus advertencias, de llegar a amenazar de poner ollas en los pasillos de la casa para evitar que me pasara al cuarto de la novia que había llevado de visita. Definitivamente es otro tiempo. Escucho nuevamente "somos tres" y me vienen a la mente tantos recuerdos. Y pienso en mi hija, que en menos de lo que canta un gallo estará en la universidad. La universidad, donde definitivamente muchas cosas han cambiado, menos el proceso de descubrir las bondades y consecuencias del libre albedrío. Espacio para crecer, espacio para madurar, espacio para aprender a sobrevivir.
Asi como la noche y la luna, siempre estarán unidos el sexo y la universidad.
jueves, 7 de agosto de 2014
La Barca Uno
Luego de aquellos muy difíciles primeros días, en los que para identificar a "los nuevos" se salia de aquel estrechisimo pasillo con el carnet en la mano, obligando a quienes no teníamos a no salir para evitar el interminable proceso de "bienvenida", comenzamos a sentir que realmente estábamos en la universidad. Disfrutar de aquella " libertad" de hacer lo que quisiéramos comenzaba a ser realidad. Algunos tenían carro, y le daban la cola a quienes vivían en su ruta y se hacían sus mejores amigos. La situación del trafico de la época permitía que fuéramos a almorzar a la casa y regresáramos a tiempo en el espacio de tiempo comprendido entre las 12 y las 2 de la tarde. Así hacíamos, hasta que un día algún miembro del grupo comentó: "leí que si uno se toma UNA cerveza a mediodía, se abre el apetito". Cual si sufriéramos de inapetencia, nos pareció un " tip" interesante, por lo cual ese mismo día decidimos probarlo. Por alguna razón, elegimos a la Barca Uno como proveedora de la no necesitada solución a una inapetencia inexistente. Cual si se tratara de una receta médica, procedimos a pedir una ronda. Finalizada, nos vimos con cara de aprobación, y seguro estoy que alguno, tocándose el estómago, comentó que hasta sentía mas hambre. Cual cientificos, nos retiramos satisfechos a disfrutar del resultado de aquella prueba, sometida con extremo cuidado al método científico. Al día siguiente, y así los sucesivos, sometimos al rigor científico aquella hipótesis original, siendo el resultado el esperado ya que efectivamente todos los días sentíamos mayor apetito ante el mismo estímulo.
Supongo que aquella lectura que hacíamos en Sociología, "el gesto y la palabra" de André Leroi-Gourhan, causó algún efecto en nosotros. Y se hizo presente el hecho en un intento de expansión de los bordes de la ciencia, cuando algún miembro del grupo llegó a la conclusión de que si una cerveza nos abría el apetito, lo cual estaba sobradamente demostrado, pues dos duplicaría el efecto. A este nuevo reto nos sometimos, determinando que realmente se comprobaba la hipótesis planteada, aunque se comenzaron a presentar efectos secundarios. Al salir con el estómago vacío a tomarse dos cervezas, ya se llegaba a una frontera peligrosa. Total que luego pusimos a prueba los limites de la ciencia al decidir que 3 cervezas serían mejor, con lo cual se acortaba el tiempo disponible para ir a almorzar, por lo cual ahora contábamos con mas tiempo, el cual llenamos con otras cervezas adicionales, hasta que un día llegó lo que transformó aquella hipótesis original: se hacia presente la caja de media jarra nacional. Obviamente, era mas barato comprar la caja de media jarra que las polares detalladas, así que nos ofrecieron guardarnos una caja cada mediodía. Luego, como requeríamos mas tiempo para tomarnos la caja, nos invitaron al "reservado", que era un patio al que se accedía por una puerta casi invisible y solo para clientes. Allí podíamos sentarnos en cajas vacías y estar mas cómodos. Había gallinas, las cuales usaban para unos muy buenos sancochos, los cuales repartían sin costo adicional a sus clientes. Con eso resolvíamos el tema original del almuerzo. Nos fuimos agrupando en la medida en que contábamos nuestros descubrimientos, con lo cual aumentaron las cajas que necesitábamos, además de que ya no esperábamos mediodía para ir, sino que desde las 11 ya no se nos veía por las aulas ni pasillos del básico, hasta la clase que tocaba a las 4 de la tarde, cuando no era hasta el día siguiente...
Aquellos días fueron gloriosos. Eramos hombres; eramos libres; hasta que llegaron los primeros exámenes. Obviamente en aquel salón anexo de la Barca Uno aprendíamos mucho de la vida, pero de ese conocimiento poco aplicaba para los exámenes de calculo, álgebra, química y ni siquiera para Sociología. Ni teníamos los conocimientos, ni estábamos en condiciones de presentar aquellos exámenes que siempre eran a las 2 de la tarde. Así, aquella aula, cual la que usaba Newton, nos dió muchos conocimientos, pero no logró ayudarnos en nuestros estudios. Hasta aquel día en que parte del grupo se fue directo de la fuente del sabor a un examen en la sede del saber, vivimos muchos, muchos buenos momentos. El descubrimiento de los atrevidos, algunos dormidos sobre el examen, otros reclamando alterados por las preguntas, nos hizo reflexionar sobre nuestra incursión en el mundo de la ciencia. Igual tuvimos que retirar las materias, nuestro primer retiro, con lo cual podíamos disfrutar sin remordimiento de las promociones de cerveza nacional, así como el lanzamiento de la "stout", y ni hablar de aquellos sancochos hechos con las gallinas que, envalentonados, escogíamos y hacíamos pasar a mejor vida nosotros mismos.
Bastante navegamos aquellos primeros días en la Barca Uno. Cada viaje, seguirá presente en cada uno de los que comenzamos esa aventura que compartimos en la Universidad.
sábado, 16 de abril de 2011
GRADUUM IN DIE
Leithold, Piskunov, Baldor. Hallidey, Resnick. Leroi-Gourhann y su "estadios de la ciencia". Tenembaum, Blank y Tarkin, Meyer. Ogata. Taha. Si sacara la cuenta de la plata que le pedí a mis padres "para comprar libros", la biblioteca de Alejandría sería pequeña para contenerlos. Copias, mas copias. La biblioteca de la Facultad, quizás sustituida hoy por un laboratorio de computación y mucho ancho de banda con Google. Todo eso se me agolpaba en la cabeza mientras nos alineábamos en las afueras del Aula Magna. Cuando finalmente comenzamos a entrar, mientras aplaudíamos, recordé a muchos de los Profesores. Entramos, y sentados ya en al Aula Magna, la emoción me recorría el cuerpo. No era la primera vez que estaba en el Aula Magna, pero sí era la única vez que estaría por ese motivo. Me estaba graduando.
Muchas son las vivencias que se tienen en ese paso por la Universidad. Muchas buenas, muchas no. Todos luchamos convencidos de que esas experiencias serán muy importantes en el paso siguiente al salir a la calle a trabajar, y realmente es así. Obviamente, influyen muchos factores como el carácter de uno y la suerte que se tenga, pero definitivamente el paso por la Universidad es básico.
En cuanto a lo personal, en muchos casos algunos logramos romper con el mito de que "la novia del estudiante no es la esposa del profesional". Transitamos por una autopista de descubrimientos amorosos y "corpóreos". Se hacen las amistades que durarán toda la vida. Se forman lazos que ni el tiempo ni la distancia logran deshacer.
En la medida en que van llamando a los graduandos, me toca el momento de pararme. Cuando llega el turno de mi fila, comienzo a rodarme un puesto por vez. Me llaman. Salgo, nervioso por no enredarme con la Toga, que para que me quedara bien hubo que alargarla. Pararme. Saludar. Quitarme el Birrete, que lo coloco debajo del brazo. Camino. Camino y no puedo ni mirar para los lados. Mi hermano me espera para imponerme la medalla. Mi Padrino está arriba también. Mi Papá, mi Tía y mi Esposa en alguna parte entre el público. Mi mamá Omnipresente. No pienso en ella. Si pienso en ella pero trato de no profundizar. Vienen las escaleras.
Se logra el primer trabajo. Se cree que se puede devorar el mundo, pero se aprende el fondo y razón del dicho que reza que "más sabe el diablo por viejo que por diablo". Primeros errores. Se descubre, si se es muy afortunado, para que sirven las integrales triples. Se guardan algunos de los restos de aquellos cuadernos de las materias que o mas facil se sacaron, o que mas costaron, "por si acaso". Se mantienen en la biblioteca, mas que para usarlos como referencia, como para mantener el lazo con aquellos días en que se cargaban en todo momento. Finalmente desaparecen, en mi caso para dar paso a los libros de mi hija...
Me entregan el Título, le doy la Mano al Rector y siento el flash de la foto típica. En realidad no lo siento. Escasamente caigo en cuenta que está sucediendo. Mi hermano me impone la medalla. Por fin mi Mamá tiene a sus dos Ingenieros. Es la Mamá de los Ingenieros, pero no está. Pero si está. Nos abrazamos, y aplauden.
10 años después del grado, y muchos más después de conocernos por primera vez en un aula de clases, quienes fueron mis compañeros son mis compadres. Quienes fueron mis amigos son mis hermanos. Sus hijos son mis sobrinos. Nos reunimos y recordamos "aquellos tiempos", inventando planes de reencuentros para saber dónde están los demás. Sabemos que algunos ya no están. Sabemos que algún día también nos extrañarán.
Bajo las escaleras hacia mi puesto. El fotógrafo me indica como agarrar el título. Poso para la otra foto clásica. Finalmente llego a mi puesto, Título en mano. Lo logré!
Afuera, mi Tía, la Familia. Las fotos. Con mi hermano. Con mi esposa. Con mi papá. Momento de silencio. Mamá no está. Salimos del Aula Magna. Por fin puedo pasar por detrás de la estatua de Bolívar. La maldición no me puede caer, porque ya me gradué!
La fiesta. Los invitados. La Familia. Por un momento soy el centro de atención, esta vez por algo bueno. Espectacular! Se acaba el día. Se acaba la celebración. La mejor foto de la noche...
Y comienza una nueva etapa...
... etapa que ya no es nueva, pero que ha sido espectacular!
sábado, 22 de enero de 2011
Mi Anillo de Grado

domingo, 13 de septiembre de 2009
Capítulo IV: Entrando en Materia
Al contrario de lo que uno piensa e incluso siente cuando llega a la Universidad, las cosas terminan siendo mas difíciles de lo que uno se imagina. Es un momento muy importante, lo llamaría “punto de quiebre”, algo así como los 15 años de las mujeres (que por cierto, preparo mi queja formal porque no nos toca a los hombres), cuando se entra en sociedad. Para la mayoría, que son los que se van de su casa a estudiar en una ciudad distinta, es el momento en que uno se empieza a responsabilizar por su vida, y el mas temido por los padres, ya que se pondrán a prueba los valores enseñados desde que se nace.
Como he descrito en los capítulos anteriores, uno llega, como me pasó a mi, con su cajita. Para los que tuvimos suerte y vivimos en casa de familiares, es un poco mas suave el cambio, pero para aquellos que les toca una residencia, es realmente duro, ya que se sale se la comodidad del hogar, donde lo atienden, le cocinan, lo quieren a uno, a una situación diametralmente opuesta. Y esto se siente en mayor o menor término dependiendo de si se llega a una residencia con personas conocidas, a una residencia donde no se conoce a nadie y se debe compartir al baño, y lo mas extremo, a una residencia estudiantil. Pero en cualquiera de estos casos, el motivo es el mismo. Dependiendo del momento en que se llega, el período de adaptación es mas largo o corto, pero inevitablemente llega el momento de enfrentar el reto. Las clases comienzan, y con ellas el estrés, que uno al comienzo lo toma con mucha calma, pero que en la medida en que va pasando el tiempo y se va enseriando la cosa, se pierde la calma y se gana la angustia. Se conocen los compañeros de clases, y llegan los primeros días en los cuales se reúne uno a estudiar. En esos momentos, particularmente en los descansos obligados, acompañados de un buen café, y hasta de un cigarrillo, es que se va conociendo uno, y va conociendo a los demás. Surgen los primeros sentimientos “confusos”, que terminan decantándose en los primeros amores. Mientras se estudia química, y se lucha por entender los pesos atómicos y la estequiometría, a lo interno se da una guerra mucho mas grande entre los elementos químicos que van fluyendo por océanos, permitiendo conocer esos bellos sentimientos.
Inevitablemente también, llega el momento de conocer a los profesores universitarios. Se llega con la ilusión de que serán como los del liceo, donde el “profe” es la medida común, descubriendo que no todos aceptan esa expresión. Unos exigirán la palabra completa y con acento en la “P”, aunque siempre habrán otros que permitirán escalar ese pedestal intelectual para conocerlos como son, con los cuales se establecerán duraderas amistades; amistades que mientras se esté en el proceso de enseñanza-aprendizaje, estarán limitadas por el deber ético, pero que una vez se haya cumplido el deber, se darán como hermosas experiencias. Llegará uno que nos recordará que ya no hay ley que nos proteja, puesto que al ser mayores de edad, ya no hay que tener delicadeza en el trato. Se pasa abruptamente del trato personalizado, donde uno tiene nombre, a un simple “bachiller”, lanzado al aire casi con desprecio, por lo cual se siembra esa semilla amarga que casi obliga a estudiar para quitarse el epíteto, pero sobre todo el tonito. Se descubre como la relación con las matemáticas influye en forma directamente proporcional con el carácter del profesor, con un conjunto de matices que pasan desde los profesores de cálculo, pasando por los de física y química, que por lo general son los de peor genio, con lo que se llega a pensar que quizás es el deber ser, ya que así se obliga a que se entienda que esas materias son una cosa seria realmente, y que no aceptan “blandunguerías” que permitan pensar que un profesor de materia relacionada con matemáticas sea humano.
Todo este conjunto de sentimientos y nuevas experiencias se mezcla con las rutinas que no se tienen. A muchos les llega la primera vez en la cual deben hacer un mercado, enterándose cuanto cuesta aquello que tanto desperdiciaba cuando aún no lo pagaba. Se enfrenta uno a la libertad de acostarse a la hora que le dé la gana, y de poder pararse cuando le provoque; pero también se conoce que la obligación de ir a clases ya no depende de la persecución que se tenía en el liceo, sino de un acto voluntario que se va convirtiendo en el día a día progresivamente, pero que en el camino se pierden, por alguna razón, las clases más importantes, o el número de clases que el profesor indicó, en una de las primeras, como el necesario para perder la materia independientemente de lo que indique el reglamento respectivo. A otros les toca lavar su ropa por primera vez, recordando u cayendo en cuenta del mal humor de la madre que los domingos se dedicaba a hacer la tarea mientras uno estaba disfrutando de un día de descanso; sin poder evitarlo, llega el día en que se debe cocinar, entendiendo la ciencia que aplicaba en la casa quien se encargaba de ese departamento. Se comienza a adelgazar ante la necesidad de comer quemado, y en los mejores casos, se levanta muy temprano un día para hacer la cola en Bienestar Estudiantil, y así tener la oportunidad de comprar los famosos tickets del comedor, para atender el requerimiento básico y fundamental de proveer de alimento al cuerpo, que a menos que se acostumbre uno al hecho, se hace una tarea casi imposible vivir con la presión de descubrir que una lechuga tiene patas, o tomarse una sopa de materia radioactiva, o comerse un pollo atropellado, donde las plumas se mezclan con el picadillo de huesos, carne y vísceras, como resultado de la ocupación simultánea de un mismo punto espacial por dos cuerpos, uno, el que se va a degustar, y otro, cuando menos una aplanadora.
Finalmente, llegan los primeros exámenes. Para unos, la oportunidad de determinar que tan bien se están adaptando a la Universidad; para otros, el momento de ver si en la Universidad se puede copiar igual que en el liceo. En ambos casos, hay éxito y fracaso. En el primer caso, todos los que lo logran pasan esos exámenes, y van configurando la manera de sobrevivir y avanzar en la Universidad. En el segundo, todos salen “raspados”, y se presenta el fenómeno de intercambio de suertes, donde los que se copian se ponen a estudiar, y los que estudiaron, se preparan para copiarse. Por lo general, lo que sucede es que o no se estudió bien, y definitivamente, a pesar de que en algunos casos se tiene éxito, “el crimen no paga”, pero lamentablemente, en muchos casos, a esta verdad se llega después de mucho tiempo y fracasos. Va pasando el tiempo, y hacia finales de ese primer período (semestre o año o lo que sea), llega el momento de dar cuentas, las primeras, a los padres. Se comienza la búsqueda de las palabras mas sutiles, mas adecuadas, para explicar como, después de haber tenido todo lo necesario, de haber comprado mas libros de los que hay en la biblioteca de la Facultad, de haber derribado hectáreas completas de árboles en fotocopias de cuadernos, guías y demás; de haber dejado de ir a la casa el día del padre o de la madre, y casi en diciembre por quedarse estudiando, y al final, las notas no son las que corresponden a dichos sacrificios, vale decir, sacrificios de la familia. Vienen las reprimendas, las amenazas, los compromisos. La promesa de que no se repetirá la situación, hecha con la seguridad de cumplirla, pero en el camino se atraviesan los mismos obstáculos, pero es distinto, porque ya se conocen, y se evaden, pero siempre se presenta alguno en una forma desconocida, que termina haciendo que se rompa o incumpla la promesa realizada. Así, van pasando los días, hasta que finalmente, mucho tiempo después, se logra el tan anhelado objetivo.
Hay quienes no entienden los efectos que produce el terminar de estudiar en una persona. Sólo pasando por la experiencia se logra ver esa luz, reservada solo a quienes tienen la oportunidad de luchar y luchar y luchar (porque a todos nos toca luchar, sin distingo de raza, color, situación económica o coeficiente intelectual), hasta alcanzar la tan anhelada meta. No es mas que, quizás, la mitad del camino, pero como ayuda a suavizar el resto del mismo! Todos aquellos que pasaron por ese camino, quizás se vean identificados en los cuentos que se irán presentando. Y quienes no lo han hecho, pues ojalá los ayude a entusiasmarse.
Aquí dejo el flujograma que me acompañó por toda mi vida de estudiante. Desde los primeros días, que me enteré que podía comprarlo, me ilusionó el pensar que muy rápidamente llenaría cada cuadro. Al final, cuando terminé de hacerlo, había pasado mucho tiempo, y caí en cuenta de todo lo que significó el poder pintar cada uno de esos cuadritos. A partir de aquí, iré contando muchas de las cosas que complementaron cada cuadro que llené en ese flujograma. El orden secuencial no creo lograr mantenerlo, pero en cualquier caso, todo forma parte del mismo camino, del cual ya se conoce el comienzo y el final.
domingo, 26 de julio de 2009
Capítulo III: El Preuniversitario
domingo, 12 de julio de 2009
Capítulo II: El Ingreso a la Universidad
Finalmente, se dio el ingreso a la universidad. Para los “nuevos”, había organizado la División de Asuntos Estudiantiles (DAES), unas actividades, que principalmente consistían en unas charlas por 2 o 3 días, y que terminaban con la entrega de la primera Constancia de Inscripción.
Una de las charlas fue acerca de lo que se supone que es la vida del estudiante; allí nos explicaron como se suponen que eran las cosas (un poco alejado de la realidad, pero eso si, muy académico todo), y me causo una impresión tan grande el impacto que tenia esta charla en los jovenes nuevos, como lo era yo en ese momento, que años después logre que me permitieran dar dicha charla a los de nuevo ingreso de Ingeniería. Parte de lo que se conversaba en estas charlas estaba relacionado con un elemento que se supone es de suma importancia en la universidad. No, no son los estudios, sino el SEXO. Ello era bien interesante, por cuanto era la primera vez, al menos en mi caso, en la cual me hablaban, abiertamente y ante un publico de al menos 70 o mas personas, del tema. Por supuesto que en la casa mis padres siempre fueron lo suficientemente abiertos y claros al respecto, como para llegar con todo el conocimiento que podía tenerse, pero ciertamente era toda una aventura que causaba mucho regocijo, sentirse que ya se estaba fuera del capullo al poder, inclusive, opinar públicamente al respecto. Y lo mejor era que incluso, había muchachas que opinaban, como por ejemplo la nunca olvidada Iskra, que en plena charla pregunto algo así como “ que si era malo tener relaciones sexuales con varios hombres”, lo cual, después de recoger las mandíbulas de la impresión que nos produjo al menos al 97% de los hombres presentes, causo mucha bulla, ruido, pitas, y por supuesto, deseos de ser amigos de Iskra, ademas del hecho de que Iskra era una de las muchachas mas interesantes del grupo; Debo decir, en honor a la verdad, que estaba MUY BUENA.
Otra charla, que también produjo una honda impresión en mi, fue la que correspondió al centro de estudiantes. allí se presento, nada mas y nada menos, que EL FANTASMA, Diógenes Andrade mismo, y se lanzo uno de sus discursos. Pero decir que recuerdo lo que nos dijo (así como recuerdo lo que dijo Iskra), seria mentir, pero la impresión que me causo fue el lenguaje que utilizo: dijo groserías, malas palabras, grito, escupió, batió las manos, apunto a los profesores presentes, en algunas ocasiones en forma amenazante, llamándolos de distintas maneras “no formales”, lo cual, repito, me llamo muchísimo la atención, ya que no había visto eso, a pesar del tiempo que había podido compartir con los estudiantes de mis padres. Ese impacto implanto algo que después se fue desarrollando, pero a lo cual me referiré en otro capitulo...
Otras charlas fueron sobre DAES, las becas, OCRE, el RR o “ regreso al rancho” (que para ese momento era algo imposible de entender), los deberes, derechos, la biblioteca, hasta que finalmente, llego el momento donde se formalizaba el hecho: nos entregaron nuestra primera Constancia de Inscripción. A mi me habían asignado 5 materias: Calculo 10, Algebra 11, Química 11, Sistemas de Representación 10 y Sociología. también nos dieron el horario, según el cual, el siguiente lunes, a las 7 de la mañana, tenia clases de Sistemas de representación 10, en un salón 202 o algo así.
Desde que llegue a Mérida, y conocí a Mario, su casa se había vuelto el lugar de encuentro por excelencia, y es que había un factor interesante al respecto, y era que el vivía con su hermano, que estudiaba Ingeniería Eléctrica, y compartía el apartamento con 2 personas mas, que también estudiaban eléctrica, y todos eran del profesional, por lo cual, podíamos sentirnos realmente estudiantes de ingeniería, al compartir con ellos. Al salir de la ultima charla, nos fuimos a casa de Mario. Alla, al ver el horario (era el mismo, ya que teníamos las mismas materias), lo primero que nos dijeron fue que debíamos estar alla a primera hora, mejor incluso antes de que comenzaran las clases, para evitar la “ recepción” que se le hacia a los nuevos. Y es que en esos días, la cosa era ruda! Yo me metí esa recomendación en la cabeza, y me fui preparando para el gran día.
Como había vivido en Mérida, y había incluso estado en el preuniversitario, sabia la rutina que debía seguir para ir temprano a clases. En ese entonces, el Básico de Ingeniería estaba en la vía a los chorros, donde esta actualmente el comedor de los chorros. Yo vivía en Las Tapias, de manera que me fui a eso de las 6 de la mañana, de manera de subir hasta el viaducto, que era donde llegaba o bien la “buseta” de La Parroquia, o las de Ejido; y de allí, agarraría el Bus de la ULA, por primera vez como estudiante y digno merecedor de la “colita”, hasta llegar alla. así lo hice, y muy temprano, a eso de las 6:45, estaba en el Básico. Entre, pero al comenzar a ver los números de los salones de clases, todos eran de 2 números, y el numero del salón donde me tocaba mi primera clase, era de 3 cifras. Eso hizo que recorriera como mil veces el básico, y nada, y a pesar de que iba llegando gente, no me atrevía a preguntar para que no se supiera que era un “nuevo”. Estaba pendiente de que llegara alguien que conociera, pero nada, esperaba que llegara Mario, y nada tampoco, y como para la época no existían los celulares, pues estaba cerca de la desesperación. De repente, llego una cara conocida: era un amigo de por donde yo vivía, que le llamábamos “ Tubal”, y que estaba por terminar el básico. Me le acerque, nos saludamos, y le pregunte sobre el salón. Luego de que me explico que había un básico de arquitectura, que eran unos edificios ubicados cerca de los de ingeniería, y que allí era que tenia clases, me dijo: “ahora corre, porque voy a gritar que eres un NUEVOOOOOOOOO”. Pues yo corrí, y corrí, hasta que llegue al básico de arquitectura, donde efectivamente daban las clases de Sistemas de Representación. Al ubicar el salón, entre y me conseguí a Mario, muy risueño, allí metido, y le reclame que como el sabia, y por supuesto la respuesta fue obvia: su hermano le explico, por lo cual le reclame, con mas ahínco, el que no me hubiese llamado el fin de semana a la casa para explicarme. allí finalmente nos conocimos todos los que estábamos comenzando juntos la aventura, ya que éramos un grupo con algunas particularidades. Que recuerde, estábamos: Mario, Delyana, Nolly, Jorge, Igor, Astrid, Ruben, Rafael “ el gringo”, Oswaldo, Maria Alejandra, Leonardo (Erazo), y todos aquellos que no recuerdo en este momento; y el profesor era Oswaldo Méndez.
allí tuvimos clases desde las 7 hasta las 10, cuando teníamos clases en el propio básico de ingeniería. Aunque no lo sabíamos, las cosas se iban a poner mejores (o peores, realmente). En esos días, había una sola entrada al Básico, que para colmo de males era un pasillo. Cuando salimos de la clase, y nos dirigimos hacia el Básico, vimos el espectáculo dantesco que se estaba llevando a cabo en dicho pasillo, donde los estudiantes de los semestres anteriores, particularmente del semestre anterior al nuestro, habían formado dos filas, una a cada lado del pasillo, por donde obligatoriamente tenían que pasar los nuevos. Al acercarnos, vimos como trataban a los nuevos: tenían un casco de obrero, donde habían preparado una especie de “ menjurje”, el cual era rociado a todos los nuevos, aunque principalmente a las nuevas, que pasaban por el “túnel”. Los lideres de la agresión: un tal Rafael Mora, y un tal Juan Carlos Bencomo, mas todo aquel que, habiendo sido victima en su momento de una agresión igual, pues aprovechaban para “lanzar la piedra y esconder la mano”. A Rafael ya lo conocíamos algunos, los que estuvimos en el preuniversitario, ya que alla llego a dedicarnos “ el himno del nuevo”, y después también se deleito con algunos grupos de nuevos que pasaron por frente al básico, de bajada de la facultad de forestal.
Esto del túnel era como una especie de rutina, a la que uno no le quedaba mas que acostumbrarse o morir en el intento. Todo aquel que entraba en ese túnel, no tenia otra que aguantar, ya que resistirse era peor, porque hacia que salieran las acciones mas perversas de quienes participaban en el hecho. Una forma de diferenciar a los nuevos de los “no nuevos”, era con el carnet, por lo cual, todos aquellos que tenían carnet, se pegaban a las paredes, es decir, pasaban por detrás de quienes formaban ese túnel, y mostraban su carnet, con lo cual quedaban exonerados de la dosis de sufrimiento y vejación que le tocaba a todos aquellos que, por una parte, decidían atravesar el túnel, o a aquellos que no podían demostrar que no eran nuevos. Yo, me fui haciendo “el loco”, y me fui escurriendo por las paredes, y hasta gritaba y apoyaba a quienes estaban torturando a alguna(s) victima(s), hasta que en un momento, alguien me vio, y reconoció que era un nuevo, pero ya era tarde, por cuanto ya estaba dentro de lo que se podría denominar “zona segura”, es decir, ya había entrado al Básico. De verdad que no recuerdo a quienes, de los que veníamos juntos, les toco pasar por el túnel, básicamente porque ya era todo un logro el haber pasado sin que la agarraran conmigo. Una vez adentro, pues continuo la jornada estudiantil. Si no recuerdo mal, ese día tuvimos clase de Sociología, con el Prof. Roberto Chacon. Nuestra clase no recuerdo que haya durado hasta las 12, pero lo cierto del caso fue que al salir, las huestes asesinas se habían ido para el comedor, donde estaban haciendo fiesta con los nuevos que se estrenaban en el mismo. Afortunadamente, no me toco a mi ese privilegio, sino dentro de muchos años después.
Los días fueron pasando con bastante normalidad. Para ese entonces (no se si aun sucede), la facultad de Ciencias apoyaba con clases como los cálculos, las físicas y la química, así como Humanidades apoyaba en lo que era sociología. Un día de la semana, nos toco clases de Química 11, y en salón, nos enteramos que nuestro profesor iba a ser Geza Holzhaker (espero no estar muy errado al escribir su nombre). La verdad es que las clases eran bien entretenidas, y el profesor se esmeraba en utilizar tizas de muchos colores al dar las mismas. En lo personal (y creo que era algo que sentíamos todos), no entendía nada. La verdad es que nunca tuve mucho apego con la química, y mas por el hecho de que en bachillerato, mi profesor fue muy buen jugador de bowling; y no es un decir, el profesor era el campeón de Bowling del estado Barinas, y bueno, realmente nunca vimos clases, sino que al final, cada quien se ponía su nota. Entre eso, y que el Prof. Holzhaker tenia una forma bien particular de dar la clase, la verdad es que no entendía nada. Llegado cierto punto en el semestre, alguien se atrevió a preguntarle al profesor que como se hacia para entenderlo, y el respondió: “pues para eso utilizo los colores! lo rojo va con lo rojo, lo azul con lo azul...” Honestamente no se si lo hizo en broma, pero lo cierto es que, por una parte, los colores se regaban por el pizarrón de forma tal, que no era muy fácil conseguir el orden en el cual iba cada cosa de un color, y por otra, pues yo no entendía, y sinceramente no tenia ningún interés en entender esa “entropía”; por otra parte, en el cuaderno todo estaba de un mismo color, y en el orden en que se iba escribiendo en la pizarra, así que ya era inútil ponerse a arreglar ese desastre.
Otro día, tuvimos nuestra primera clase de Calculo 10. Yo iba muy preparado, puesto que en el ultimo año de la Técnica, se supone que nos habían dado un avance de lo que veríamos en los primeros semestres de la universidad; lo único malo es que yo creo que el profesor de la Técnica estaba muy desactualizado, o el profesor que nos toco, al ser de Ciencias, pues tenia otro “temario” por el cual darnos clases. Lo cierto del caso es que como media hora después de haber comenzado la clase, ya había visto todo lo que según el profesor de la técnica, iba a ver “los primeros semestres”, de manera que estaba pisando terreno inestable, y comenzaba a conocer a unos “musiues” que me hicieron la vida imposible: piskunov, demidovich, Leithold. Nada de los ya conocidos Baldor y Navarro, que era casi un pecado mencionarlos. A pesar de los grupos de estudio, y que incluso, el profesor iba a explicarnos, me dedicaba mas a preparar la parte final de las estudiadas de calculo, que siempre terminaban con una “palamentazon”, que incluía en muchas oportunidades, al profesor. Nos hicimos muy amigos de el, y eso me sirvió para “relajarme” y sentirme cómodo con la materia, hasta que llegue al primer examen, situación que no mejoro ni en el segundo, ni en el tercero, pasando por encima dela barda en vivo y directo a reparación, donde, como dijo un muy conocido por todos: “no se lograron los objetivos”. De Algebra, ni hablar. No di pie con bola, lo cual, en conjunto, conllevo a unas notas, que cuando se las di a mi papa, me pregunto que si era la cuenta regresiva de un cohete: Solo pase Sociología (como era de esperarse, porque era solo leer, interpretar y hacer presentaciones (lo que si me gustaba y aun me gusta), y también pase Sistemas de Representación, pero en las materias importantes, me fue muy, pero muy mal. Por supuesto, que mis padres, como profesores universitarios, me dijeron que bueno, el proceso de adaptación, el tiempo, la responsabilidad, el primer semestre... Pero que para el siguiente semestre debía pasar TODAS las materias que agarrara, entre las cuales deberían estar las tres marías. En mi favor, confieso que un día, muchos días después de que vimos clases, e incluso de que pase la materia, hubo una confesión de parte del profesor que nos dio inicialmente Calculo 10, quien comento que el siempre quiso estudiar Ingeniería, pero nunca tuvo la manera económica de hacerlo, por lo cual tuvo que estudiar ciencias, y específicamente matemáticas, y por ello, no podía tratarnos a los de ingeniería igual como trataba a los de arquitectura, donde también daba clases, y donde las estadísticas de los que pasaban por semestre eran normales, nada comparado con las notas de la gente de ingeniería, donde no pasaba prácticamente nadie, y los que pasaban, como fue el caso de Rubén, de Carlos y otros pocos mas, lo hacían porque realmente se fajaban casi que solo a estudiar esa materia. Esto solo es un ejemplo de las cosas a las cuales uno se enfrenta en la Universidad. La idea no es hacer un juicio de valor, sino por el contrario, hoy en día, mostrar como hay una conexión directa entre lo que es la vida “real”, y lo que se vive en la Universidad, ya que los imponderables y las situaciones que no dependen de uno, son el día a día de cualquier ser humano, lo cual, como se ve en este caso, se aprende en la universidad. Como dice la canción: lo horrible se aprende enseguida lo hermoso nos cuesta la vida; en este caso, me toco aprender que debía poner orden en mis estudios, aunque, como se vera mas adelante, no lo tome muy en serio sino hasta que paso mucho tiempo.
Por esos primeros días hubo otras cosas muy interesantes que comenzamos a hacer, como por ejemplo, las idas al Valle a disfrutar de la noche y del frío con, al comienzo, una botella de canelita, lo cual, poco a poco se fue transformando en muchas; el descubrimiento de La Barca Uno, y lo barato que costaba una caja de tercio de regional, lo cual caia muy bien con la información que habíamos conseguido de que “una cerveza antes del almuerzo abría el apetito”, como si nosotros estuviésemos famélicos por la falta de hambre; los primeros días del grupo de estudio, en casa de Astrid, donde de verdad estudiamos, y también conversamos mucho y pasamos momentos realmente interesantes y dignos de recordar. Comenzábamos a conocernos, comenzábamos a recorrer el camino.
Todo esto fue alrededor de octubre-noviembre del 87, época en que los profesores, empleados y obreros reclamaban por distintas razones, aunque la principal era por el sueldo y su situación económica. Esto conllevo a que, como 2 o cuando mucho 3 semanas de haber comenzado nuestras clases, comenzó un paro indefinido de profesores, lo cual obligo a que se viera truncado este inicio de clases. El paro duro no se cuantos meses, pero fueron al menos 4, por lo cual, y con diciembre en medio, me tuve que ir a Barinas a la casa. Por supuesto que me fui con todos los cuadernos, los libros, los materiales, guías, copias y todo, porque iba a aprovechar de estudiar. El único detalle, como me sucedió todas las veces que hice lo mismo, hasta que deje de hacerlo, fue que al regreso me vine yo, pero deje todos los cuadernos, materiales, libros, guías y copias, puesto que ni siquiera sabia donde los había dejado el día que llegue, lugar donde quedaron, y por las telarañas que tenían encima, pues no los vi.
Luego, el reinicio fue igual que el inicio, solo que sin los herejes torturadores de nuevos. Luego vino el proceso de carnetización, y las cosas fueron mejorando. conocí gente de otras Ingenierías, y me reencontré con viejos amigos. En vista de que para esos días, mis padres eran de las filas de acción democrática, llegue a Mérida con una tarjeta que le dio el que era Presidente de la FCU a mi papa, para que lo buscara. El Presidente de la FCU en ese tiempo era Rafael Mora, pero no el de Ingeniería, y aunque suene extraño y no se pueda creer, era de acción democrática. Eran otros tiempos. De hecho, a ese Rafael Mora, le decían “Burro con Sueño”, y tengo entendido que es la razón por la cual al otro Rafael Mora le dicen “el Burro”, ya que al llamarse igual los dos, uno era Burro con sueño, y el otro era el Burro de Ingeniería. Luego conocí a otro Burro de Ingeniería, Ramón Rojas, que era de Ingeniería Química, pero de ese si no se por que le dicen “el burro”.
Esos avatares políticos me llevaron, un día, a conocer al “fantasma”. Tuve una reunión donde me presente, y le dije que quería formar parte de las filas del movimiento 21, lo cual no hubo problema para que se concretara. En esa época estaban en la facultad: Manuel Deza, Miguel Rodríguez, Rosaura (no recuerdo su apellido); como todo nuevo en un movimiento estudiantil, comencé haciendo pintas en las calles, pegando afiches en alguna elección, y por supuesto, peleando por lo que fuera menester. Fueron tantas las cosas que hice, que le dedicare todo un capitulo (quizás requiera mas) al tema.
En el año 91, ya cerca del profesional (aunque debería haber estado cerca de graduarme, lo cual me recordaba mi mama a cada rato), en octubre para mas señas, asistí como participante al IV Congreso de Ingeniería de Sistemas, que se realizo, si no recuerdo mal, en el hotel la pedregosa. El ver a gente conocida organizando el evento, y el ambiente que había, donde egresados iban a hablar de su experiencia en el trabajo, y como había influido la Universidad en su desempeño profesional, me causo un gran impacto, ademas de que, por supuesto, hacían unas fiestas increíbles! Yo comencé a aplicar una técnica que conocía desde hace mucho, que era pedir que me dejaran aprender a cambio de mi trabajo. así, sucedió una de las cosas mas importantes en mi vida. Por mi tamaño, y mi disponibilidad para trabajar en los Congresos de Sistemas, en alguno de ellos, por fin me dieron la oportunidad de comenzar a trabajar en el comité organizador. Mi trabajo: “acompañar” al encargado del sistema de inscripción, un muchacho de apellido Mousalli, que andaba en silla de ruedas. Mi trabajo, era asegurar que llegara donde tenia que llegar, que por ejemplo, ya era una aventura que entrara a la antigua sede del profesional de ingeniería, por cuanto lo que había eran unas laminas de cemento, intercaladas con grama, que por supuesto, hacían que fuera todo un martirio que una silla de ruedas andara. así, llegado el Congreso, me toco llevarlo al mismo, para que manejara el sistema de inscripción que había desarrollado, y quizás, no lo se, hasta vendido, y luego, básicamente, me tocaba estar a su lado para atenderlo en lo que necesitara. Esto permitió que me pusiera a ver lo que hacia, el software que utilizaba, y comencé a preguntar y a aprender. La relación fue tan buena, que si no recuerdo mal, el año siguiente ya se estaba trabajando con un sistema que yo había desarrollado, de manera que aunque no me asignaron a alguien que me atendiera como atendía yo a Mousalli (tampoco lo necesitaba), pues eso me permitió alcanzar grandes satisfacciones, y sin saberlo, comenzar a desarrollar lo que en el futuro seria mi base de sustento. A partir de allí, fueron muchos los congresos en los que participe, los sistemas que hice, las ponencias que presente, e incluso, hasta un viaje a Margarita hicimos con todos los gastos cubiertos por la ULA. Pero, como indique anteriormente, es tanta la información que también le dedicare algún capitulo en especial al tema.
En estos días, casualmente, recibí un correo con una lista de cosas que se deben saber antes de entrar en la Universidad. Me parece que encaja perfectamente en esto que intento escribir, y aunque no tiene el nombre de quien lo escribió, puesto que son esas cosas anónimas que andan por ahí, dejo claro que no es producto mío, y que todo el crédito se lo debe llevar quien lo haya escrito. Ojala uno, cuando va a entrar a la universidad, tuviera la madurez suficiente como para creer que todo esto es muy cierto...
1. No importa cuan tarde sea tú primera clase, igual te vas dormir.
2. Vas a cambiar completamente y no te darás cuenta
3. Puedes amar a varias personas de manera diferente.
4. Los alumnos de la universidad también tiran avioncitos de papel durante la clase.
5. Si vas a clases con zapatos, te preguntarán por qué andas tan elegante.
6. Cada reloj del edificio muestra una hora diferente.
7. Si eras inteligente en el colegio, en la universidad no cuenta.
8. No importa todo lo que prometiste al salir del colegio, irás a las fiestas de la Universidad, aunque sean la noche anterior al examen final.
9. Te puedes saber toda la materia y te irá mal en el examen.
10. Puedes no saber nada de la materia y sacarte un 7 en el examen.
11. Tu casa es un lugar perfecto para ir de visita.
12. La mayor parte de la educación es adquirida fuera de las salas de clase.
13. Si nunca tomaste, vas a tomar.
14. Si nunca fumaste, vas a fumar.
15. Si nunca cogiste, vas a coger.
16. Si no haces nada de esto durante la universidad, nunca más en la vida lo harás, a menos que entres de nuevo a la universidad.
17. Te vas a transformar en una de esas personas que tus padres te aconsejaron alejarte de ellas.
18. Psicología es en verdad biología
19. Biología es en verdad química
20. Química es en verdad física
21. Física es en verdad matemáticas; O sea, aunque estudies años, igual no vas a saber nada de nada.
22. Más del 90% del tiempo que pasas frente a la computadora, la pasas chat, bajando música, revisando el correo o cualquier otra cosa nada de hacer tareas. (Bueno, en mi caso, no habían todas estas cosas)
23. Sentir depresión, soledad o tristeza no son exquisiteces de quien no tiene nada que hacer.
24. Siempre prometerás que el próximo semestre estudiarás más y festejarás menos pero siempre ocurrirá lo contrario.
25. Las únicas cosas que valen la pena en la universidad son los amigos que conocerás allá.
26. No verás la hora de terminar la Universidad.
27. Cuando termine te vas a dar cuenta de que fue la mejor época de tu vida.



