sábado, 16 de abril de 2011

GRADUUM IN DIE

Dedicado a Jesús y Dilué, nuevos colegas. Felicitaciones!


Leithold, Piskunov, Baldor. Hallidey, Resnick. Leroi-Gourhann y su "estadios de la ciencia". Tenembaum, Blank y Tarkin, Meyer. Ogata. Taha. Si sacara la cuenta de la plata que le pedí a mis padres "para comprar libros", la biblioteca de Alejandría sería pequeña para contenerlos. Copias, mas copias. La biblioteca de la Facultad, quizás sustituida hoy por un laboratorio de computación y mucho ancho de banda con Google. Todo eso se me agolpaba en la cabeza mientras nos alineábamos en las afueras del Aula Magna. Cuando finalmente comenzamos a entrar, mientras aplaudíamos, recordé a muchos de los Profesores. Entramos, y sentados ya en al Aula Magna, la emoción me recorría el cuerpo. No era la primera vez que estaba en el Aula Magna, pero sí era la única vez que estaría por ese motivo. Me estaba graduando.

Muchas son las vivencias que se tienen en ese paso por la Universidad. Muchas buenas, muchas no. Todos luchamos convencidos de que esas experiencias serán muy importantes en el paso siguiente al salir a la calle a trabajar, y realmente es así. Obviamente, influyen muchos factores como el carácter de uno y la suerte que se tenga, pero definitivamente el paso por la Universidad es básico.

En cuanto a lo personal, en muchos casos algunos logramos romper con el mito de que "la novia del estudiante no es la esposa del profesional". Transitamos por una autopista de descubrimientos amorosos y "corpóreos". Se hacen las amistades que durarán toda la vida. Se forman lazos que ni el tiempo ni la distancia logran deshacer.

En la medida en que van llamando a los graduandos, me toca el momento de pararme. Cuando llega el turno de mi fila, comienzo a rodarme un puesto por vez. Me llaman. Salgo, nervioso por no enredarme con la Toga, que para que me quedara bien hubo que alargarla. Pararme. Saludar. Quitarme el Birrete, que lo coloco debajo del brazo. Camino. Camino y no puedo ni mirar para los lados. Mi hermano me espera para imponerme la medalla. Mi Padrino está arriba también. Mi Papá, mi Tía y mi Esposa en alguna parte entre el público. Mi mamá Omnipresente. No pienso en ella. Si pienso en ella pero trato de no profundizar. Vienen las escaleras.

Se logra el primer trabajo. Se cree que se puede devorar el mundo, pero se aprende el fondo y razón del dicho que reza que "más sabe el diablo por viejo que por diablo". Primeros errores. Se descubre, si se es muy afortunado, para que sirven las integrales triples. Se guardan algunos de los restos de aquellos cuadernos de las materias que o mas facil se sacaron, o que mas costaron, "por si acaso". Se mantienen en la biblioteca, mas que para usarlos como referencia, como para mantener el lazo con aquellos días en que se cargaban en todo momento. Finalmente desaparecen, en mi caso para dar paso a los libros de mi hija...

Me entregan el Título, le doy la Mano al Rector y siento el flash de la foto típica. En realidad no lo siento. Escasamente caigo en cuenta que está sucediendo. Mi hermano me impone la medalla. Por fin mi Mamá tiene a sus dos Ingenieros. Es la Mamá de los Ingenieros, pero no está. Pero si está. Nos abrazamos, y aplauden.

10 años después del grado, y muchos más después de conocernos por primera vez en un aula de clases, quienes fueron mis compañeros son mis compadres. Quienes fueron mis amigos son mis hermanos. Sus hijos son mis sobrinos. Nos reunimos y recordamos "aquellos tiempos", inventando planes de reencuentros para saber dónde están los demás. Sabemos que algunos ya no están. Sabemos que algún día también nos extrañarán.

Bajo las escaleras hacia mi puesto. El fotógrafo me indica como agarrar el título. Poso para la otra foto clásica. Finalmente llego a mi puesto, Título en mano. Lo logré!

Afuera, mi Tía, la Familia. Las fotos. Con mi hermano. Con mi esposa. Con mi papá. Momento de silencio. Mamá no está. Salimos del Aula Magna. Por fin puedo pasar por detrás de la estatua de Bolívar. La maldición no me puede caer, porque ya me gradué!

La fiesta. Los invitados. La Familia. Por un momento soy el centro de atención, esta vez por algo bueno. Espectacular! Se acaba el día. Se acaba la celebración. La mejor foto de la noche...


Y comienza una nueva etapa...
... etapa que ya no es nueva, pero que ha sido espectacular!

sábado, 22 de enero de 2011

Mi Anillo de Grado

Mientras uno estudia en la Universidad, va conociendo lo que son las costumbres y símbolos relacionados con las mismas. Obviamente, la cúspide de los estudios universitarios es el Grado, y relacionado con el grado, existen símbolos como lo son el anillo, la toga y el birrete. Lo más normal, es que una vez que se completan los estudios, y cuando se está cerca del grado, se procede a atender el tema del anillo. Por su costo, por lo general se procede con un poco más de tiempo, ya que al menos en Mérida existían planes de financiamiento para poder comprarlo. No es un requisito, por lo cual hay quienes no lo compran por razones económicas, así como hay quienes tampoco lo hacen sólo porque no le ven sentido alguno. Lo cierto del caso es que el anillo es un símbolo. Es así como la "chapa" para los policías. Es lo que indica que uno se graduó. En función de sus colores la gente sabe la profesión que uno tiene. Y dependiendo del gusto de cada quien, existen miles de modelos, de distintos materiales y distintas combinaciones. Pero más importante aún, es que detrás de un anillo de grado, hay toda una historia, compuesta de anhelos, sufrimientos, alegrías, y definitivamente éxitos, ya que sin ellos, no se hubiese logrado la meta final.

En mi caso, y por ser mis padres egresados universitarios, y de paso profesores universitarios también, desde muy pequeño conocí esos símbolos, y de los que más me atraían era precisamente el anillo. Si no recuerdo mal, el de mi papá era uno muy sencillo: un aro grueso, quizás de plata u oro blanco, con un búho y unas letras en relieve, sobre fondo negro. No recuerdo lo que decían las letras, pero si recuerdo que mi papá lo cuidaba mucho.
A mi papá lo nombraban padrino de promociones allá en el núcleo de Trujillo. Por eso, en una oportunidad, le dieron como regalo un anillo igual al que usarían los miembros de la promoción. Era una promoción de Ingenieros Agrícolas, por lo cual el anillo era, de tipo tradicional, grande, y con la "pepa" verde, verde claro. Era muy bonito y atractivo, por lo cual, le puse el ojo. Cada vez que podía, lo buscaba en la mesa de noche de mi papá, y me lo ponía. No hacía mucho. No jugaba que era Ingeniero, ni nada por el estilo. Sólo me lo ponía, y soñaba con el momento cuando finalmente tendría el mío. Claro, era un sueño "efímero", ya que bastante tardé en lograrlo, por voluntad propia. Pero al final de cuentas, era mi sueño.
Muchos años después, ya estudiando en la Universidad, me llevé el anillo de papá. Lo usé en muchas noches de juerga con los panas, y realmente daba resultado. En una ciudad universitaria como Mérida, son bien conocidos los símbolos pertenecientes al ambiente universitario. Quizás también me ayudaba una tarjeta de crédito que tenía (y que pertenece a otra historia el por qué), que tenía el logo de la Asociación de Profesores, por lo cual, en algunas circunstancias de mi interés, lograba pasar como tal (o al menos eso parecía). Finalmente, regresé el anillo (eso creo...).

Luego, recuerdo que había un profesor de la escuela de Eléctrica, que no recuerdo su nombre, a quien consultaba en su cubículo. Siempre que iba, el estaba leyendo algo, un libro, exámenes, un artículo, que se yo, y lo cierto del caso era que lo hacía, manteniendo su antebrazo izquierdo sobre parte de lo que leía, con lo cual quedaba su mano izquierda casi al frente, justo entre el y yo, de manera que lo que destacaba para mí era ese imponente anillo de Ingeniero, tradicional, grande, y con la "pepa" muy azul. Ya eso si era no solo lo que quería, sino lo que al final obtendría al finalizar mis estudios. 
Mucho tiempo pasó para que un día, en una visita que hizo mi mamá a Mérida, habláramos finalmente del tema del grado. Por aquel entonces aún me faltaba, pero estaba muy cerca, y por esas cosas del destino, pues luego de dar las explicaciones de rigor, mi mamá insistió en que fuéramos a comprar el anillo. Fuimos a donde sabía que eran los mejores en cuanto a precio y garantía. Tenía por supuesto planificado y en mente como lo quería: tradicional, grande, sin zircones, y en el fondo de la "pepa", quería el logotipo de la escuela de Sistemas, por la que tanto había dado y recibido. Así mandamos a hacer el anillo mi mamá y yo, con la particularidad de que mi mamá propuso que le mandáramos a hacer un botón a mi papá, que fuera igual al anillo, para que lo usara. Esta idea era un secreto que tendríamos nosotros, del que se enteraría mi papá al momento de la bendición de los anillo, cuando se lo entregaría como reconocimiento a la paciencia y ahínco puestos para que yo lograra graduarme. Repito, por esas extrañas cosas de la vida, no pensamos en nada para ella. Eso fué a comienzos del año 2000, en el cual debía yo graduarme...

 
El precio del anillo fué de 91.000,00 bolívares de los de la época. Hoy en día no es ni siquiera lo que gasto en desayuno cuando voy con mi esposa e hija, pero en aquel entonces, era una gran suma de dinero. Tanto, que recuerdo que dimos un monto como anticipo, y quedamos pagando no recuerdo cuántas cuotas, al final de las cuales, tendría la joya en mis manos, lista para ser usada por el nuevo profesional en el cual me convertiría.

Los planes de grado debieron esperar 2 años más. En Julio de ese mismo año me casé, de manera que usé primero el anillo de casado que el de graduado. Mi mamá tuvo que pasar un momento de angustia, cuando la secretaria leía el acta de matrimonio, y decía "... EL PRIMERO, de veintinueve años de edad, de estado civil soltero, de profesión estudiante, ...". Una tos le salió del alma, un suspiro, y yo por supuesto que ni siquiera la miré porque me imaginaba su cara. Luego, la vería en alguna de las fotos que se tomaron en el momento. Mientras, seguíamos pagando las cuotas, hasta que las terminamos y pasaba ahora a tener que guardar el anillo en mi mesa de noche, esperando el gran día en que quedaría autorizado por la Ley para usarlo. Muchas fueron las veces que lo saqué, me lo puse y lo cargué en la casa. Muchas veces estuve tentado a usarlo y ya! pero no, me mantuve fiel en la espera del momento correcto. En el interín, Agosto del 2001 nos golpeó con la partida de mi mamá. Logró verme casado, pero no graduado, que fué su gran dolor de cabeza. Ahora, el anillo, a pesar de ser un aro sin comienzo ni final, estaría para siempre incompleto, ya que no estaría ella para disfrutar de verme utilizándolo. Por aquellos últimos días que compartimos, en algún momento, entre lo que conversábamos, salió el tema, que callabamos con miradas cómplices para que mi papá no se enterara de la sorpresa que le habíamos preparado. No pudo acompañarnos físicamente...
Casi un año después, en Julio de 2002, llegó el tan anhelado momento. En la semana que incluía el 14 de Julio, se dió la misa de bendición de los anillos. Allí estuve, y hasta me tocó ser parte activa del acto. 


En un momento muy emotivo para mí, me tocó entregarle el botón a mi papá. Me tocó hacerlo solo, así como recibir solo de mi papá mi anillo, el anillo que compré con mi mamá, el que ella me regaló. A partir de allí, sólo en algunas ocasiones no lo utilizo (como por ejemplo en Caracas, cuando tengo que andar por ahí por la calle). Un anillo equivalente, actualmente, cuesta mucho dinero, pero en mi caso, mas que por el valor monetario del mismo, lo que me hace verlo como algo especial es toda esa historia que hay detrás de el mismo. Historia, además, que día a día va creciendo con anécdotas. Por ejemplo, en un trabajo que tuve, en algunas ocasiones nos tocaba ir a atender operativos en el interior del Estado Mérida. Cuando me tocó a mi asistir, me dijo el Jefe: "pero no puedes llevarte tu anillo de graduado, es necesario que no se lleven prendas que establezcan una diferencia de posición entre los clientes y nosotros...". El anillo era como una barrera, una especie de pedestal, según esa visión.

Quizás el usar ese tipo de prendas pueda, en la mayoría de casos, pasar por un acto público de vanidad. Cada quien lo hará de acuerdo a su personalidad, e inevitablemente de acuerdo al sacrificio por el que pasó para poder ganarse el derecho de utilizarlo. Otros simplemente como una prenda más. En mi caso, lo llevo con mucho cariño, mucho orgullo, ya que para mi representa una conexión especial con mi mamá. Trato de usarlo lo mas a menudo posible, lo cual depende de las actividades, y principalmente dónde las voy a realizar. Cada vez que lo veo, me trae tantos recuerdos a la mente, que definitivamente, lo considero como una pequeña máquina del tiempo, que me permite regresar a aquellos momentos, hermosos, amargos, tristes, pero que en conjunto conforman mi historia en la Universidad.