domingo, 26 de julio de 2009

Capítulo III: El Preuniversitario

Como todo nuevo que va a la Universidad de Mérida, proveniente de alguna otra ciudad, llegue con mi caja respectiva. A pesar de que iba a vivir con una Tía, donde no me faltaría absolutamente nada, me enviaron con las cosas con conforman lo mas personal: champú, pasta de diente, jabón, papel “tualé”, etc. Precisamente por esta situación, de que viviría en casa de mi Tía, me asignaron una mensualidad que era mas que suficiente en Mérida para los gastos personales, como lo eran 800 bolívares
Recién salido de la Técnica, lo primero que hicieron en mi casa, con miras a que me fuera “aclimatando”, fue inscribirme en el Curso Preuniversitario.

Si no me equivoco, esta fue la primera vez que se hacia un curso preuniversitario en la ULA. Para esos días, había muchos problemas con el tema de los cupos para ingresar a la Universidad. Por ello, incluso existía un “comité de bachilleres sin cupo”, que se encargaba, semestre a semestre y año a año, a “luchar” por el cupo de los “sin cupo”. Una de las salidas que se ofreció fue precisamente este curso, mediante el cual se suponía que si no se tenia el cupo, pero se hacia el curso y se salía muy bien, quedando entre los primeros, se lograba entrar a la ULA, aunque no muchas veces en lo que uno quería, pero al menos era una opción
En mi caso, afortunadamente había salido seleccionado en Ingeniería Eléctrica, pero dado el hecho de que mis padres habían sido profesores de la ULA, aplicaba el caso de la asignación del cupo “de los gremios”, o de los hijos de profesores, empleados y obreros. De esta manera, a pesar de haber sido asignado por la OPSU a Ingeniería Eléctrica, que fue mi primera y segunda opción, debido a que la tercera fue para Ingeniería de Sistemas en la ULA también, y por el tema del cupo de los gremios, logré ingresar, a satisfacción de mi papá, en Ingeniería de Sistemas. A pesar de tener el cupo asegurado, mis padres habían decidido que me fuera de una vez a este curso, por un lado para ir agarrando el “ritmo”, y por otro, para irme preparando, académicamente, de manera de tener alguna ventaja al momento de comenzar los estudios reales en Ingeniería Y vaya ventaja que obtuve!

El Curso Preuniversitario consistía, principalmente, en unas clases basadas en unos libros que nos daban, de tapa morada que se distinguía a kilómetros de distancia, que complementaban unas horas de “vídeo clases” que nos daban en salones, a través de televisores. Aparte, se contaba con unos facilitadores, y regularmente, nos hacían unos exámenes de los temas vistos en la semana. Las aulas de clases se encontraban en La Hechicera, que en esos días era la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (mejor conocida como “Economía”). Los salones de clase estaban en el ultimo piso de este edificio, lo cual era bien interesante, ya que para llegar a los mismos, había que atravesar prácticamente toda la Facultad; Pero, afortunadamente, la gente de economía no era tan salvaje como la de ingeniería, al menos con los nuevos de ingeniería.

Luego de las inscripciones de rigor, que todas las hizo mi mama, finalmente me dejaron en Mérida, y me llego el momento de ir a mi primera actividad de “universitario”, o en este caso, de “pre universitario”. Era una actividad que se realizaría los primeros días, en el auditorio “Ali Primera” de la Facultad de Ciencias Forestales. Este edificio estaba ubicado en la zona de los chorros, vía la hechicera, pero para llegar allí había que saber que transporte tomar, ya que no todos pasaban por allí Por mi experiencia cuando vivi en Mérida, sabia que debía tomar el bus de la ULA que iba a Forestal, lo cual hice. Al llegar, me pude ubicar fácilmente y llegar al auditorio, ya que tiempo atrás, en el año 1980, había “participado” en la Convención Anual de AsoVAC, en la que mi tía había estado en el comité organizador, y mis padres, especialmente mi papa, había participado, y cuyo punto focal fue este auditorio. Llegué, y conseguí muchas caras de susto, iguales a la que seguramente llevaba yo. Nos hicieron pasar, y por supuesto cada quien se sentó donde quiso. Luego de las presentaciones de rigor, donde el personal a cargo de la actividad indico que hacían, comenzaron las actividades propiamente dichas. Una de ellas, si no la primera, fue ir mencionando cada estado, y uno iba levantando la mano para indicar de donde venia, y de inmediato, solicitaban que nos fuéramos agrupando, para que, finalmente, nos sentáramos juntos todos los que venían de cada estado.
Lo primero que me sucedió, fue que al explicar la actividad que se haría a continuación, me surgió la duda de a que estado pertenecía yo: había estudiado una parte en Trujillo, otra en Mérida, finalmente en Barinas, y de hecho en mis papeles decía que era del estado Mérida. Luego de unos minutos de indecisión, mencionaron al estado Barinas, y decidí montarme en ese bus. Acto seguido, nos sentamos juntos; al comienzo pensé que no conocería a nadie, pero resulto que estaba en ese grupo Kleber Pérez, el hijo de unos amigos de mis padres, y con quien había compartido en reuniones familiares donde nos habían invitado. Resulto ser que yo era el único, de ese grupo de barinas, que había estudiado en un liceo publico; ademas, era el único que no conocía a nadie, excepto a Kleber, quien afortunadamente si conocía a muchmuchísima gente del grupo, creo que a todos, de hecho. El y todo el nutrido grupo, iban a la ULA en busca de cupo para estudiar Medicina. Podría decir que éramos un grupo de al menos 20 personas, de las cuales resulto suceder que solo 3 personas del mismo no íbamos a estudiar medicina, y casualmente, los 3 íbamos a estudiar Ingeniería de Sistemas. Así, conocí a Aura Mosquera y a Mario Gil. De inmediato, nos sentamos juntos los 3. Durante la mañana se repitió la misma actividad para el resto de los estados, hasta que finalmente estaban conformados todos los grupos. Al regreso del receso que tuvimos, nos conseguimos con un hecho bien particular, como fue que había un grupo de estudiantes de la Universidad que estaban pidiendo la palabra para darnos la bienvenida. Luego de que los presentaron, comenzaron a darnos unas palabras de bienvenida, para finalmente terminar cantando lo que habían llamado el “himno del nuevo”, que para variar, era la primera vez que se cantaba como me entere años después El autor del acto: Rafael Mora, estudiante de Ingeniería de Sistemas, quien posteriormente jugaría un papel muy importante en mi vida. Finalmente, nos informaron que una vez creados los grupos, las actividades se llevarían a cabo en La Hechicera, donde estaban ubicadas las instalaciones del curso pre-universitario
Al finalizar las actividades de la mañana, decidimos, el grupo de Barinas, irnos juntos, tal cual hicieron el resto de los grupos. Del nuestro, nadie había estado en Mérida antes excepto por mi, por lo cual trate de tomar el liderazgo, y de orientar lo que debíamos hacer para irnos, pero no tuve éxito. Por ello, el grupo decidió bajar caminando desde la facultad de forestal, hasta el centro, lo cual era una locura, pero en este caso, la mayoría se impuso.

Todos íbamos con los libros morados bajo el brazo, lo cual nos identificaba como alumnos pre-universitarios. Ademas, muchos grupos, los que andaban igual de perdidos que el nuestro, decidieron también bajar caminando. Cuando irremediablemente llegamos al frente de lo que para ese entonces era la Escuela Básica de Ingeniería, que esta al lado del comedor de los chorros, saltaron los estudiantes sobre los grupos mas pequeños de pre-universitarios, formando círculos alrededor, y gritando cualquier cantidad de cosas, para finalizar cantando el himno de los nuevos. A nuestro grupo también le toco, pero como éramos uno de los mas grandes, y donde habían mas hombres, pues también comenzamos a replicar, y estuvimos a punto de caernos a golpes con quienes nos agredían, pero para ellos fue mas fácil dejarnos pasar y dedicarse con algún otro grupo mas pequeño. Por supuesto que comenzamos a correr, vía la salida de Mérida, para finalmente bajar por la Av. Universidad vía el centro. En una parada del bus de la ULA a la cual llegamos, les explique lo lejos que estábamos, y que era necesario que nos moviéramos en algún medio de transporte, por lo cual accedieron a montarse en un bus que pasó en esos momentos. Bajamos, y nos quedamos en la parada que hacia el bus en ese entonces mas arriba de la plaza Bolívar, frente a la venta de churros, por lo cual les explique que eso era algo tradicional, y hasta compramos algunos churros para probarlos. Seguimos bajando, hasta que llegamos al viaducto. Unos decidieron irse a comer por su cuenta, pero otros nos quedamos para almorzar juntos. Por la Av. 4, media cuadra abajo del viaducto, estaba un restaurancito de comida italiana, donde nos dimos el lujo de comer. Para algunos, era la primera vez que comíamos y pagábamos la comida, la primera vez que nos sentíamos “independientes”.

La rutina fue básicamente la misma todos los días: en la mañana a la Hechicera a las clases del Curso Preuniversitario, y en la tarde, a echar carro por ahí (aunque se suponía que estuviéramos estudiando). Uno de los recuerdos mas importantes que tengo de esos días, es el de las comidas. Los primeros días, fue muy interesante la vida, debido a que siempre comíamos en restaurantes. A pesar de lo baratos que son, en comparación con cualquier otro sitio en el mundo (al menos por aquellos días), llego el momento en que la gente que no vivía en las condiciones en las cuales tuve la oportunidad de vivir, le llego la hora de buscar opciones mas economices El comedor universitario aun no era una opción, ya que no habíamos entrado a la universidad, por lo cual buscamos un comensal que quedaba como media cuadra abajo de la plaza “El Llano”, y que se llamaba “The Place”. Allí comenzamos a ir diariamente, costaba como 12 bolívares el almuerzo, que era uno de los mas caros de los “comensales” que existían en ese momento. La verdad es que yo iba mas por la faranduleria que por necesidad. Paso el tiempo y nos hicimos clientes, de manera que incluso, si llegábamos tarde, nos hacían comida, pero al final, tiempo después, nos vimos en la obligación de retirarnos, ya que subieron el almuerzo a 18 bolívares, lo cual era un insulto, y simplemente no lo podíamos pagar. Para cerrar este capitulo de “The Place”, resulto ser que la muchacha que nos atendía, que creo era hija de la dueña, se llamaba María Alejandra Dávila, quien actualmente es Diputada a la Asamblea Nacional.

Mientras asistía a mis clases del Preuniversitario, se iba concretando el tema de mi entrada a la Universidad. Todo iba estando listo para el momento del ingreso, que realizaría, por supuesto, con muchas otras personas, entre ellas, Mario, con quien comencé desde el comienzo del preuniversitario.
Los espacios del Preuniversitario, en La Hechicera, eran unos salones todos seguidos, y que por la parte de atrás tenían un pasillo. El día que finalmente Mario y yo nos inscribimos, nos fuimos juntos a la hechicera, pero en lugar de entrar a clases, nos fuimos por el pasillo posterior de las aulas, y comenzamos a caminar por el mismo, abrazados, y gritando “prenuevos, prenuevos”, lo cual nos causo una gran satisfacción, e hizo que aumentaran nuestras listas de enemigos. Hasta ese día fuimos a las clases, en el curso, y hasta ese día tuvimos que cargar los libros morados que, gracias a Dios, por poco tiempo nos acompañaron.

Es válida la oportunidad para comentar que la idea del curso preuniversitario fue (la verdad que no se como se hace ahora) una oportunidad, cuando menos, interesante, y que en su momento daba la sensación de “solucionar” el tema del ingreso a la universidad. Era como una “democratización” del ingreso, lo único era que la gente que se inscribía en este curso, no conocía las oportunidades de ingreso reales. Por ejemplo, para el momento en el cual yo tuve la oportunidad de ingresar a la Universidad, para Ingeniería de Sistemas, sencillamente, no habían cupos, ya que todos estaban destinados a los gremios; para ese entonces, las carreras preferidas eran, precisamente, Ingeniería de Sistemas, Derecho y Medicina, que debido al auge que tenían, pues los cupos eran insuficientes. Así, el curso tenía opciones de desviarse a un “negocio”, donde la gente se inscribía con la esperanza real de poder ganarse un cupo, pero al final, esa esperanza se veía truncada por la cruel realidad de que si había cupos, pero en carreras que no eran de la elección del pretendiente. Aparte de eso, pude ser testigo de como, gente relacionada con el mismo curso, vendía cupos que realmente no existían. Mejor dicho, cobraban por darle esperanzas a la gente de que les conseguirían el anhelado cupo en la carrera que querían, por lo cual cobraban en moneda y en especies... Mucho tiempo después, me tocó atender un caso similar pero con los cambios de núcleo, para el caso de la gente que venía de Ingeniería en el Núcleo de Trujillo para el profesional en Mérida, pero eso es parte de unos capítulos más adelante.

En cuanto a la experiencia para mí, repito que fue, cuando menos, interesante. Muchas de las personas con quienes vi clases en el preuniversitario, fueron luego compañeros de estudio en la universidad, por lo cual, se nos hizo fácil (quizás demasiado), integrarnos. Académicamente hablando, la verdad es que no le paré absolutamente nada a las clases, por lo cual, de esa materia, no podría opinar...

domingo, 12 de julio de 2009

Capítulo II: El Ingreso a la Universidad

Finalmente, se dio el ingreso a la universidad. Para los “nuevos”, había organizado la División de Asuntos Estudiantiles (DAES), unas actividades, que principalmente consistían en unas charlas por 2 o 3 días, y que terminaban con la entrega de la primera Constancia de Inscripción.

Una de las charlas fue acerca de lo que se supone que es la vida del estudiante; allí nos explicaron como se suponen que eran las cosas (un poco alejado de la realidad, pero eso si, muy académico todo), y me causo una impresión tan grande el impacto que tenia esta charla en los jovenes nuevos, como lo era yo en ese momento, que años después logre que me permitieran dar dicha charla a los de nuevo ingreso de Ingeniería. Parte de lo que se conversaba en estas charlas estaba relacionado con un elemento que se supone es de suma importancia en la universidad. No, no son los estudios, sino el SEXO. Ello era bien interesante, por cuanto era la primera vez, al menos en mi caso, en la cual me hablaban, abiertamente y ante un publico de al menos 70 o mas personas, del tema. Por supuesto que en la casa mis padres siempre fueron lo suficientemente abiertos y claros al respecto, como para llegar con todo el conocimiento que podía tenerse, pero ciertamente era toda una aventura que causaba mucho regocijo, sentirse que ya se estaba fuera del capullo al poder, inclusive, opinar públicamente al respecto. Y lo mejor era que incluso, había muchachas que opinaban, como por ejemplo la nunca olvidada Iskra, que en plena charla pregunto algo así como “ que si era malo tener relaciones sexuales con varios hombres”, lo cual, después de recoger las mandíbulas de la impresión que nos produjo al menos al 97% de los hombres presentes, causo mucha bulla, ruido, pitas, y por supuesto, deseos de ser amigos de Iskra, ademas del hecho de que Iskra era una de las muchachas mas interesantes del grupo; Debo decir, en honor a la verdad, que estaba MUY BUENA.

Otra charla, que también produjo una honda impresión en mi, fue la que correspondió al centro de estudiantes. allí se presento, nada mas y nada menos, que EL FANTASMA, Diógenes Andrade mismo, y se lanzo uno de sus discursos. Pero decir que recuerdo lo que nos dijo (así como recuerdo lo que dijo Iskra), seria mentir, pero la impresión que me causo fue el lenguaje que utilizo: dijo groserías, malas palabras, grito, escupió, batió las manos, apunto a los profesores presentes, en algunas ocasiones en forma amenazante, llamándolos de distintas maneras “no formales”, lo cual, repito, me llamo muchísimo la atención, ya que no había visto eso, a pesar del tiempo que había podido compartir con los estudiantes de mis padres. Ese impacto implanto algo que después se fue desarrollando, pero a lo cual me referiré en otro capitulo...

Otras charlas fueron sobre DAES, las becas, OCRE, el RR o “ regreso al rancho” (que para ese momento era algo imposible de entender), los deberes, derechos, la biblioteca, hasta que finalmente, llego el momento donde se formalizaba el hecho: nos entregaron nuestra primera Constancia de Inscripción. A mi me habían asignado 5 materias: Calculo 10, Algebra 11, Química 11, Sistemas de Representación 10 y Sociología. también nos dieron el horario, según el cual, el siguiente lunes, a las 7 de la mañana, tenia clases de Sistemas de representación 10, en un salón 202 o algo así.

Desde que llegue a Mérida, y conocí a Mario, su casa se había vuelto el lugar de encuentro por excelencia, y es que había un factor interesante al respecto, y era que el vivía con su hermano, que estudiaba Ingeniería Eléctrica, y compartía el apartamento con 2 personas mas, que también estudiaban eléctrica, y todos eran del profesional, por lo cual, podíamos sentirnos realmente estudiantes de ingeniería, al compartir con ellos. Al salir de la ultima charla, nos fuimos a casa de Mario. Alla, al ver el horario (era el mismo, ya que teníamos las mismas materias), lo primero que nos dijeron fue que debíamos estar alla a primera hora, mejor incluso antes de que comenzaran las clases, para evitar la “ recepción” que se le hacia a los nuevos. Y es que en esos días, la cosa era ruda! Yo me metí esa recomendación en la cabeza, y me fui preparando para el gran día.

Como había vivido en Mérida, y había incluso estado en el preuniversitario, sabia la rutina que debía seguir para ir temprano a clases. En ese entonces, el Básico de Ingeniería estaba en la vía a los chorros, donde esta actualmente el comedor de los chorros. Yo vivía en Las Tapias, de manera que me fui a eso de las 6 de la mañana, de manera de subir hasta el viaducto, que era donde llegaba o bien la “buseta” de La Parroquia, o las de Ejido; y de allí, agarraría el Bus de la ULA, por primera vez como estudiante y digno merecedor de la “colita”, hasta llegar alla. así lo hice, y muy temprano, a eso de las 6:45, estaba en el Básico. Entre, pero al comenzar a ver los números de los salones de clases, todos eran de 2 números, y el numero del salón donde me tocaba mi primera clase, era de 3 cifras. Eso hizo que recorriera como mil veces el básico, y nada, y a pesar de que iba llegando gente, no me atrevía a preguntar para que no se supiera que era un “nuevo”. Estaba pendiente de que llegara alguien que conociera, pero nada, esperaba que llegara Mario, y nada tampoco, y como para la época no existían los celulares, pues estaba cerca de la desesperación. De repente, llego una cara conocida: era un amigo de por donde yo vivía, que le llamábamos “ Tubal”, y que estaba por terminar el básico. Me le acerque, nos saludamos, y le pregunte sobre el salón. Luego de que me explico que había un básico de arquitectura, que eran unos edificios ubicados cerca de los de ingeniería, y que allí era que tenia clases, me dijo: “ahora corre, porque voy a gritar que eres un NUEVOOOOOOOOO”. Pues yo corrí, y corrí, hasta que llegue al básico de arquitectura, donde efectivamente daban las clases de Sistemas de Representación. Al ubicar el salón, entre y me conseguí a Mario, muy risueño, allí metido, y le reclame que como el sabia, y por supuesto la respuesta fue obvia: su hermano le explico, por lo cual le reclame, con mas ahínco, el que no me hubiese llamado el fin de semana a la casa para explicarme. allí finalmente nos conocimos todos los que estábamos comenzando juntos la aventura, ya que éramos un grupo con algunas particularidades. Que recuerde, estábamos: Mario, Delyana, Nolly, Jorge, Igor, Astrid, Ruben, Rafael “ el gringo”, Oswaldo, Maria Alejandra, Leonardo (Erazo), y todos aquellos que no recuerdo en este momento; y el profesor era Oswaldo Méndez.

allí tuvimos clases desde las 7 hasta las 10, cuando teníamos clases en el propio básico de ingeniería. Aunque no lo sabíamos, las cosas se iban a poner mejores (o peores, realmente). En esos días, había una sola entrada al Básico, que para colmo de males era un pasillo. Cuando salimos de la clase, y nos dirigimos hacia el Básico, vimos el espectáculo dantesco que se estaba llevando a cabo en dicho pasillo, donde los estudiantes de los semestres anteriores, particularmente del semestre anterior al nuestro, habían formado dos filas, una a cada lado del pasillo, por donde obligatoriamente tenían que pasar los nuevos. Al acercarnos, vimos como trataban a los nuevos: tenían un casco de obrero, donde habían preparado una especie de “ menjurje”, el cual era rociado a todos los nuevos, aunque principalmente a las nuevas, que pasaban por el “túnel”. Los lideres de la agresión: un tal Rafael Mora, y un tal Juan Carlos Bencomo, mas todo aquel que, habiendo sido victima en su momento de una agresión igual, pues aprovechaban para “lanzar la piedra y esconder la mano”. A Rafael ya lo conocíamos algunos, los que estuvimos en el preuniversitario, ya que alla llego a dedicarnos “ el himno del nuevo”, y después también se deleito con algunos grupos de nuevos que pasaron por frente al básico, de bajada de la facultad de forestal.

Esto del túnel era como una especie de rutina, a la que uno no le quedaba mas que acostumbrarse o morir en el intento. Todo aquel que entraba en ese túnel, no tenia otra que aguantar, ya que resistirse era peor, porque hacia que salieran las acciones mas perversas de quienes participaban en el hecho. Una forma de diferenciar a los nuevos de los “no nuevos”, era con el carnet, por lo cual, todos aquellos que tenían carnet, se pegaban a las paredes, es decir, pasaban por detrás de quienes formaban ese túnel, y mostraban su carnet, con lo cual quedaban exonerados de la dosis de sufrimiento y vejación que le tocaba a todos aquellos que, por una parte, decidían atravesar el túnel, o a aquellos que no podían demostrar que no eran nuevos. Yo, me fui haciendo “el loco”, y me fui escurriendo por las paredes, y hasta gritaba y apoyaba a quienes estaban torturando a alguna(s) victima(s), hasta que en un momento, alguien me vio, y reconoció que era un nuevo, pero ya era tarde, por cuanto ya estaba dentro de lo que se podría denominar “zona segura”, es decir, ya había entrado al Básico. De verdad que no recuerdo a quienes, de los que veníamos juntos, les toco pasar por el túnel, básicamente porque ya era todo un logro el haber pasado sin que la agarraran conmigo. Una vez adentro, pues continuo la jornada estudiantil. Si no recuerdo mal, ese día tuvimos clase de Sociología, con el Prof. Roberto Chacon. Nuestra clase no recuerdo que haya durado hasta las 12, pero lo cierto del caso fue que al salir, las huestes asesinas se habían ido para el comedor, donde estaban haciendo fiesta con los nuevos que se estrenaban en el mismo. Afortunadamente, no me toco a mi ese privilegio, sino dentro de muchos años después.

Los días fueron pasando con bastante normalidad. Para ese entonces (no se si aun sucede), la facultad de Ciencias apoyaba con clases como los cálculos, las físicas y la química, así como Humanidades apoyaba en lo que era sociología. Un día de la semana, nos toco clases de Química 11, y en salón, nos enteramos que nuestro profesor iba a ser Geza Holzhaker (espero no estar muy errado al escribir su nombre). La verdad es que las clases eran bien entretenidas, y el profesor se esmeraba en utilizar tizas de muchos colores al dar las mismas. En lo personal (y creo que era algo que sentíamos todos), no entendía nada. La verdad es que nunca tuve mucho apego con la química, y mas por el hecho de que en bachillerato, mi profesor fue muy buen jugador de bowling; y no es un decir, el profesor era el campeón de Bowling del estado Barinas, y bueno, realmente nunca vimos clases, sino que al final, cada quien se ponía su nota. Entre eso, y que el Prof. Holzhaker tenia una forma bien particular de dar la clase, la verdad es que no entendía nada. Llegado cierto punto en el semestre, alguien se atrevió a preguntarle al profesor que como se hacia para entenderlo, y el respondió: “pues para eso utilizo los colores! lo rojo va con lo rojo, lo azul con lo azul...” Honestamente no se si lo hizo en broma, pero lo cierto es que, por una parte, los colores se regaban por el pizarrón de forma tal, que no era muy fácil conseguir el orden en el cual iba cada cosa de un color, y por otra, pues yo no entendía, y sinceramente no tenia ningún interés en entender esa “entropía”; por otra parte, en el cuaderno todo estaba de un mismo color, y en el orden en que se iba escribiendo en la pizarra, así que ya era inútil ponerse a arreglar ese desastre.

Otro día, tuvimos nuestra primera clase de Calculo 10. Yo iba muy preparado, puesto que en el ultimo año de la Técnica, se supone que nos habían dado un avance de lo que veríamos en los primeros semestres de la universidad; lo único malo es que yo creo que el profesor de la Técnica estaba muy desactualizado, o el profesor que nos toco, al ser de Ciencias, pues tenia otro “temario” por el cual darnos clases. Lo cierto del caso es que como media hora después de haber comenzado la clase, ya había visto todo lo que según el profesor de la técnica, iba a ver “los primeros semestres”, de manera que estaba pisando terreno inestable, y comenzaba a conocer a unos “musiues” que me hicieron la vida imposible: piskunov, demidovich, Leithold. Nada de los ya conocidos Baldor y Navarro, que era casi un pecado mencionarlos. A pesar de los grupos de estudio, y que incluso, el profesor iba a explicarnos, me dedicaba mas a preparar la parte final de las estudiadas de calculo, que siempre terminaban con una “palamentazon”, que incluía en muchas oportunidades, al profesor. Nos hicimos muy amigos de el, y eso me sirvió para “relajarme” y sentirme cómodo con la materia, hasta que llegue al primer examen, situación que no mejoro ni en el segundo, ni en el tercero, pasando por encima dela barda en vivo y directo a reparación, donde, como dijo un muy conocido por todos: “no se lograron los objetivos”. De Algebra, ni hablar. No di pie con bola, lo cual, en conjunto, conllevo a unas notas, que cuando se las di a mi papa, me pregunto que si era la cuenta regresiva de un cohete: Solo pase Sociología (como era de esperarse, porque era solo leer, interpretar y hacer presentaciones (lo que si me gustaba y aun me gusta), y también pase Sistemas de Representación, pero en las materias importantes, me fue muy, pero muy mal. Por supuesto, que mis padres, como profesores universitarios, me dijeron que bueno, el proceso de adaptación, el tiempo, la responsabilidad, el primer semestre... Pero que para el siguiente semestre debía pasar TODAS las materias que agarrara, entre las cuales deberían estar las tres marías. En mi favor, confieso que un día, muchos días después de que vimos clases, e incluso de que pase la materia, hubo una confesión de parte del profesor que nos dio inicialmente Calculo 10, quien comento que el siempre quiso estudiar Ingeniería, pero nunca tuvo la manera económica de hacerlo, por lo cual tuvo que estudiar ciencias, y específicamente matemáticas, y por ello, no podía tratarnos a los de ingeniería igual como trataba a los de arquitectura, donde también daba clases, y donde las estadísticas de los que pasaban por semestre eran normales, nada comparado con las notas de la gente de ingeniería, donde no pasaba prácticamente nadie, y los que pasaban, como fue el caso de Rubén, de Carlos y otros pocos mas, lo hacían porque realmente se fajaban casi que solo a estudiar esa materia. Esto solo es un ejemplo de las cosas a las cuales uno se enfrenta en la Universidad. La idea no es hacer un juicio de valor, sino por el contrario, hoy en día, mostrar como hay una conexión directa entre lo que es la vida “real”, y lo que se vive en la Universidad, ya que los imponderables y las situaciones que no dependen de uno, son el día a día de cualquier ser humano, lo cual, como se ve en este caso, se aprende en la universidad. Como dice la canción: lo horrible se aprende enseguida lo hermoso nos cuesta la vida; en este caso, me toco aprender que debía poner orden en mis estudios, aunque, como se vera mas adelante, no lo tome muy en serio sino hasta que paso mucho tiempo.

Por esos primeros días hubo otras cosas muy interesantes que comenzamos a hacer, como por ejemplo, las idas al Valle a disfrutar de la noche y del frío con, al comienzo, una botella de canelita, lo cual, poco a poco se fue transformando en muchas; el descubrimiento de La Barca Uno, y lo barato que costaba una caja de tercio de regional, lo cual caia muy bien con la información que habíamos conseguido de que “una cerveza antes del almuerzo abría el apetito”, como si nosotros estuviésemos famélicos por la falta de hambre; los primeros días del grupo de estudio, en casa de Astrid, donde de verdad estudiamos, y también conversamos mucho y pasamos momentos realmente interesantes y dignos de recordar. Comenzábamos a conocernos, comenzábamos a recorrer el camino.

Todo esto fue alrededor de octubre-noviembre del 87, época en que los profesores, empleados y obreros reclamaban por distintas razones, aunque la principal era por el sueldo y su situación económica. Esto conllevo a que, como 2 o cuando mucho 3 semanas de haber comenzado nuestras clases, comenzó un paro indefinido de profesores, lo cual obligo a que se viera truncado este inicio de clases. El paro duro no se cuantos meses, pero fueron al menos 4, por lo cual, y con diciembre en medio, me tuve que ir a Barinas a la casa. Por supuesto que me fui con todos los cuadernos, los libros, los materiales, guías, copias y todo, porque iba a aprovechar de estudiar. El único detalle, como me sucedió todas las veces que hice lo mismo, hasta que deje de hacerlo, fue que al regreso me vine yo, pero deje todos los cuadernos, materiales, libros, guías y copias, puesto que ni siquiera sabia donde los había dejado el día que llegue, lugar donde quedaron, y por las telarañas que tenían encima, pues no los vi.

Luego, el reinicio fue igual que el inicio, solo que sin los herejes torturadores de nuevos. Luego vino el proceso de carnetización, y las cosas fueron mejorando. conocí gente de otras Ingenierías, y me reencontré con viejos amigos. En vista de que para esos días, mis padres eran de las filas de acción democrática, llegue a Mérida con una tarjeta que le dio el que era Presidente de la FCU a mi papa, para que lo buscara. El Presidente de la FCU en ese tiempo era Rafael Mora, pero no el de Ingeniería, y aunque suene extraño y no se pueda creer, era de acción democrática. Eran otros tiempos. De hecho, a ese Rafael Mora, le decían “Burro con Sueño”, y tengo entendido que es la razón por la cual al otro Rafael Mora le dicen “el Burro”, ya que al llamarse igual los dos, uno era Burro con sueño, y el otro era el Burro de Ingeniería. Luego conocí a otro Burro de Ingeniería, Ramón Rojas, que era de Ingeniería Química, pero de ese si no se por que le dicen “el burro”.

Esos avatares políticos me llevaron, un día, a conocer al “fantasma”. Tuve una reunión donde me presente, y le dije que quería formar parte de las filas del movimiento 21, lo cual no hubo problema para que se concretara. En esa época estaban en la facultad: Manuel Deza, Miguel Rodríguez, Rosaura (no recuerdo su apellido); como todo nuevo en un movimiento estudiantil, comencé haciendo pintas en las calles, pegando afiches en alguna elección, y por supuesto, peleando por lo que fuera menester. Fueron tantas las cosas que hice, que le dedicare todo un capitulo (quizás requiera mas) al tema.

En el año 91, ya cerca del profesional (aunque debería haber estado cerca de graduarme, lo cual me recordaba mi mama a cada rato), en octubre para mas señas, asistí como participante al IV Congreso de Ingeniería de Sistemas, que se realizo, si no recuerdo mal, en el hotel la pedregosa. El ver a gente conocida organizando el evento, y el ambiente que había, donde egresados iban a hablar de su experiencia en el trabajo, y como había influido la Universidad en su desempeño profesional, me causo un gran impacto, ademas de que, por supuesto, hacían unas fiestas increíbles! Yo comencé a aplicar una técnica que conocía desde hace mucho, que era pedir que me dejaran aprender a cambio de mi trabajo. así, sucedió una de las cosas mas importantes en mi vida. Por mi tamaño, y mi disponibilidad para trabajar en los Congresos de Sistemas, en alguno de ellos, por fin me dieron la oportunidad de comenzar a trabajar en el comité organizador. Mi trabajo: “acompañar” al encargado del sistema de inscripción, un muchacho de apellido Mousalli, que andaba en silla de ruedas. Mi trabajo, era asegurar que llegara donde tenia que llegar, que por ejemplo, ya era una aventura que entrara a la antigua sede del profesional de ingeniería, por cuanto lo que había eran unas laminas de cemento, intercaladas con grama, que por supuesto, hacían que fuera todo un martirio que una silla de ruedas andara. así, llegado el Congreso, me toco llevarlo al mismo, para que manejara el sistema de inscripción que había desarrollado, y quizás, no lo se, hasta vendido, y luego, básicamente, me tocaba estar a su lado para atenderlo en lo que necesitara. Esto permitió que me pusiera a ver lo que hacia, el software que utilizaba, y comencé a preguntar y a aprender. La relación fue tan buena, que si no recuerdo mal, el año siguiente ya se estaba trabajando con un sistema que yo había desarrollado, de manera que aunque no me asignaron a alguien que me atendiera como atendía yo a Mousalli (tampoco lo necesitaba), pues eso me permitió alcanzar grandes satisfacciones, y sin saberlo, comenzar a desarrollar lo que en el futuro seria mi base de sustento. A partir de allí, fueron muchos los congresos en los que participe, los sistemas que hice, las ponencias que presente, e incluso, hasta un viaje a Margarita hicimos con todos los gastos cubiertos por la ULA. Pero, como indique anteriormente, es tanta la información que también le dedicare algún capitulo en especial al tema.

En estos días, casualmente, recibí un correo con una lista de cosas que se deben saber antes de entrar en la Universidad. Me parece que encaja perfectamente en esto que intento escribir, y aunque no tiene el nombre de quien lo escribió, puesto que son esas cosas anónimas que andan por ahí, dejo claro que no es producto mío, y que todo el crédito se lo debe llevar quien lo haya escrito. Ojala uno, cuando va a entrar a la universidad, tuviera la madurez suficiente como para creer que todo esto es muy cierto...

1. No importa cuan tarde sea tú primera clase, igual te vas dormir.


2. Vas a cambiar completamente y no te darás cuenta 


3. Puedes amar a varias personas de manera diferente.


4. Los alumnos de la universidad también tiran avioncitos de papel durante la clase.


5. Si vas a clases con zapatos, te preguntarán por qué andas tan elegante. 


6. Cada reloj del edificio muestra una hora diferente.


7. Si eras inteligente en el colegio, en la universidad no cuenta.


8. No importa todo lo que prometiste al salir del colegio, irás a las fiestas de la Universidad, aunque sean la noche anterior al examen final.


9. Te puedes saber toda la materia y te irá mal en el examen. 


10. Puedes no saber nada de la materia y sacarte un 7 en el examen.


11. Tu casa es un lugar perfecto para ir de visita.


12. La mayor parte de la educación es adquirida fuera de las salas de clase. 


13. Si nunca tomaste, vas a tomar.


14. Si nunca fumaste, vas a fumar.


15. Si nunca cogiste, vas a coger.


16. Si no haces nada de esto durante la universidad, nunca más en la vida lo harás, a menos que entres de nuevo a la universidad.


17. Te vas a transformar en una de esas personas que tus padres te aconsejaron alejarte de ellas.


18. Psicología es en verdad biología

19. Biología es en verdad química

20. Química es en verdad física

21. Física es en verdad matemáticas; O sea, aunque estudies años, igual no vas a saber nada de nada.

22. Más del 90% del tiempo que pasas frente a la computadora, la pasas chat, bajando música, revisando el correo o cualquier otra cosa nada de hacer tareas. (Bueno, en mi caso, no habían todas estas cosas)


23. Sentir depresión, soledad o tristeza no son exquisiteces de quien no tiene nada que hacer.


24. Siempre prometerás que el próximo semestre estudiarás más y festejarás menos pero siempre ocurrirá lo contrario.


25. Las únicas cosas que valen la pena en la universidad son los amigos que conocerás allá.


26. No verás la hora de terminar la Universidad.


27. Cuando termine te vas a dar cuenta de que fue la mejor época de tu vida.